DESCRIBIR UNA CLASE
Por James Delgado
1. Me sitúo en la puerta y espero a los estudiantes (porque rotan), los saludo y también controlo que no se queden en los corredores.
2. Apunto en el tablero el orden del día. Ejemplo: a) Historia del Reggaeton (primera parte); b) Dibujo de ojos; c) Historia del arte (paleolítico); d) Origami (bumerang); e) Proyectos libres.
3. En el tablero escribo algunas preguntas para contestar a partir de un video sobre la historia del regaaeton. Cuando todos terminas seguimos.
4. Pongo un video donde se hacen dibujos paso por paso. Voy por cada estudiante revisando y lo que no entienden lo hago en el tablero.
5. De nuevo escribo unas cuantas preguntas en el tablero y coloco un video corto sobre el arte del paleolítico.
6. Pongo un video sobre un origamo paso por paso, los estudiantes más hábiles me ayudan con los que se quedan y yo ayudo los demás. Si es necesario me paro al frente y muestro como se hace un doblez que no entendieron.
7. Finalmente hablamos de los proyectos libres, ellos se hacen por grupos de interés, paso por cada grupo y reviso qué han traído, cómo van y sugiero avances posibles. Hay momentos de retroalimentación con todo el grupo.
En algún momento durante la clase tomo lista y al final me tomo unos minutos para calificar lo realizado.
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sábado, 20 de noviembre de 2010
UN RECUERDO
"El día que me dió paperas tenía como 7 años. Mi madre que era profesar de la misma escuela me traía las tareas y yo las hacía en casa. Me agradó mucho trabajar así".
No creo que pueda decir que me disgustaba algo en especial de la escuela, sencillamente el recuerdo de esa experiencia fue placentero. No me cuestionaba en qué era lo mejor, fue tan solo un sentimiento. Por otro lado en mi casa estaba mi abuela, el patio trasero, los pájaros, la luz del día, era otro color, otro ambiente (ahora que lo recuerdo), por supuesto en la escuela también había naturaleza y eso pero era distinto, no sé, entre más lo recuerdo más alegría me traen esas sensaciones, hacer las tareas era como un juego y estaba solo. En general he sido una persona que valora mucho la soledad, desde pequeño me ha tocado así, aunque también he gaminiado (es decir, callejeado) y he pertenecido a barras de barrio, hay esas dos dimensiones en mí (a veces pienso que tiene que ver con ser Géminis, jaja!). Creo que es algo relacionado con mi personalidad, pero también disfruto mucho, y más ahora en la adultez, de compartir con gente distinta, me llama mucho la atención el estudio, el pensamiento, el conocimiento, sin perder mi otro lado “solitario”. Recuerdo simplemente que me dio paperas y permanecí en casa, me bañaba tardecito con jugaba todo el día por ahí, era una casa grande. Creo que siempre he tenido muy buena imaginación para inventarme juegos solo y estar por ahí. Cuando mi mamá llegaba al medio día me mostraba un cuaderno o me decía lo que habían hecho y no sé, me sentía contento, era como un juego hacer esas tareas. En la escuela no era así, tampoco voy a decir que era maluco, pero había un plus de alegría en hacerlas en la casa. Pienso que era introvertido (y hay una parte de mí que lo sigue siendo) así que tampoco extrañaba mucho los compañeros. Mi mejor amigo no estaba en la escuela sino en mi barrio, en la escuela era más un asunto de competencia, y no pienso que eso sea malo, de hecho la mayoría parecía pasárselo muy bien, es más la personalidad de ciertos chicos introvertidos, tímidos, creo que eso es. No pienso que una educación a distancia sea mejor que una presencial, pero para algunas personas quizás lo sería por su forma de ser. De todos modos todos los extremos son malos, hay que intentar buscar un equilibrio, esa ha sido mi búsqueda, y por eso aunque en ciertos contextos algunos piensen que soy extrovertido, hay otras esferas en donde en realidad soy lo contrario.
No creo que pueda decir que me disgustaba algo en especial de la escuela, sencillamente el recuerdo de esa experiencia fue placentero. No me cuestionaba en qué era lo mejor, fue tan solo un sentimiento. Por otro lado en mi casa estaba mi abuela, el patio trasero, los pájaros, la luz del día, era otro color, otro ambiente (ahora que lo recuerdo), por supuesto en la escuela también había naturaleza y eso pero era distinto, no sé, entre más lo recuerdo más alegría me traen esas sensaciones, hacer las tareas era como un juego y estaba solo. En general he sido una persona que valora mucho la soledad, desde pequeño me ha tocado así, aunque también he gaminiado (es decir, callejeado) y he pertenecido a barras de barrio, hay esas dos dimensiones en mí (a veces pienso que tiene que ver con ser Géminis, jaja!). Creo que es algo relacionado con mi personalidad, pero también disfruto mucho, y más ahora en la adultez, de compartir con gente distinta, me llama mucho la atención el estudio, el pensamiento, el conocimiento, sin perder mi otro lado “solitario”. Recuerdo simplemente que me dio paperas y permanecí en casa, me bañaba tardecito con jugaba todo el día por ahí, era una casa grande. Creo que siempre he tenido muy buena imaginación para inventarme juegos solo y estar por ahí. Cuando mi mamá llegaba al medio día me mostraba un cuaderno o me decía lo que habían hecho y no sé, me sentía contento, era como un juego hacer esas tareas. En la escuela no era así, tampoco voy a decir que era maluco, pero había un plus de alegría en hacerlas en la casa. Pienso que era introvertido (y hay una parte de mí que lo sigue siendo) así que tampoco extrañaba mucho los compañeros. Mi mejor amigo no estaba en la escuela sino en mi barrio, en la escuela era más un asunto de competencia, y no pienso que eso sea malo, de hecho la mayoría parecía pasárselo muy bien, es más la personalidad de ciertos chicos introvertidos, tímidos, creo que eso es. No pienso que una educación a distancia sea mejor que una presencial, pero para algunas personas quizás lo sería por su forma de ser. De todos modos todos los extremos son malos, hay que intentar buscar un equilibrio, esa ha sido mi búsqueda, y por eso aunque en ciertos contextos algunos piensen que soy extrovertido, hay otras esferas en donde en realidad soy lo contrario.
TACTO
James Delgado
Yubisa Amanda Molina Nieto
Lizbeth Montaña
Fabian Valenzuela
Capítulo 8
EL TACTO Y LA ENSEÑANZA
Max Van Manen
LA IMPORTANCIA DEL TACTO EN LA ENSEÑANZA
El texto inicia con una respuesta a la pregunta por cómo se preparan los maestros: “cultivando o desarrollando un cierto grado de solicitud y de tacto pedagógicos en su convivencia con niños”. Esto es así porque la situación en la que el profesor actúa es siempre variable y él ha de esforzarse por convertir lo imprevisto en posibilidad pedagógica ya que el tacto logra dar un significado a lo accidental. En este sentido, la planificación no debe ser entendida como algo rígido, sino como un intento de anticipación que permita la improvisación por parte del profesor sobre unas bases previamente pensadas. Un buen profesor es el que planea tan bien la clase que se permite variar sin perder el hilo. Manen usa la historia de un muchacho que llama a su profesora (tiempo después) para pedirle consejo sobre si él tendría talento para entrar en la universidad, ya que la profesora al publicarle en esa época un poema en el periódico escolar le dio el entusiasmo para desearlo. Así explica Manen que el verdadero aprendizaje se da cuando tiene que ver con la persona en que el estudiante se está convirtiendo. En este punto se hacer referencia al “carácter” como algo distinto a la “personalidad”, el primero referido a la marca de autenticidad del individuo, y la segunda como rostro social. Manen cita a Bollnow quien afirma que la verdadera educación es la del carácter. Recalca que si no se quiere reducir la educación a una “empresa”, esta no puede declinar su interés por la persona.
Más adelante Manen afirma que aunque la teoría pedagógica es ante todo “práctica” no se puede olvidar que la práctica también esconde falencias, así pues esta debe ser una reflexión sobre la práctica que rápidamente se convierte en práctica otra vez.
Prosigue Manen diciendo que un buen profesor debe ser inteligente y entender las dificultades, en otras palabras, hacer ver fácil lo difícil. Una cosa son las estructuras psicológicas y otras las lógicas de las asignaturas, asunto que se tiende a confundir con facilidad. Sólo cuando el profesor logra estar al lado del niño como si el mismo fuera un niño, prosigue Manen, puede saber hacia dónde dirigir su proceso de enseñanza. La dificultad es buena cuando el niño puede asumirla sin un exceso de ansiedad, en otras palabras, el profesor debe tratar de sensibilizarse a los sentimientos del niño ante el conocimiento pues mientras para unos ciertas dificultades implican desafíos positivos, para otros, por el contrario, conllevan la parálisis de su potencial.
Comenta también Manen que el interés no es un requisito ni algo que pueda producirse sino que es más bien una forma de estar en el mundo. El interés no puede entonces exigirse sino que se debe estar atento al interés del niño para usarlo en el proceso de enseñanza.
Nos cuenta Manen que lo que los niños que están acabando primaria más aprecian de un profesor es el sentido de mando, la claridad y la justicia. Afirma Manen que los problemas de indisciplina se derivan de deficiencias en este sentido. La real disciplina surge de la total coherencia del maestro con lo que enseña y con la vida de sus estudiantes.
El humor es otra faceta del tacto importante para abrir las situaciones que se cierran. Se trata de aligerar las cosas cuando se ponen pesadas posibilitando así atravesar situaciones demasiado densas, es decir, no se trata de un humor burlón y nihilista, sino de un humor positivo.
Finalmente Manen alude a la relación entre “solicitud” y “tacto”, el primero para señalar el pensamiento realmente interesado en alguien, y el segundo para designar la encarnación de dicha reflexión. La noción “tacto” alude pues a una integración de la mente y el cuerpo.
Yubisa Amanda Molina Nieto
Lizbeth Montaña
Fabian Valenzuela
Capítulo 8
EL TACTO Y LA ENSEÑANZA
Max Van Manen
LA IMPORTANCIA DEL TACTO EN LA ENSEÑANZA
El texto inicia con una respuesta a la pregunta por cómo se preparan los maestros: “cultivando o desarrollando un cierto grado de solicitud y de tacto pedagógicos en su convivencia con niños”. Esto es así porque la situación en la que el profesor actúa es siempre variable y él ha de esforzarse por convertir lo imprevisto en posibilidad pedagógica ya que el tacto logra dar un significado a lo accidental. En este sentido, la planificación no debe ser entendida como algo rígido, sino como un intento de anticipación que permita la improvisación por parte del profesor sobre unas bases previamente pensadas. Un buen profesor es el que planea tan bien la clase que se permite variar sin perder el hilo. Manen usa la historia de un muchacho que llama a su profesora (tiempo después) para pedirle consejo sobre si él tendría talento para entrar en la universidad, ya que la profesora al publicarle en esa época un poema en el periódico escolar le dio el entusiasmo para desearlo. Así explica Manen que el verdadero aprendizaje se da cuando tiene que ver con la persona en que el estudiante se está convirtiendo. En este punto se hacer referencia al “carácter” como algo distinto a la “personalidad”, el primero referido a la marca de autenticidad del individuo, y la segunda como rostro social. Manen cita a Bollnow quien afirma que la verdadera educación es la del carácter. Recalca que si no se quiere reducir la educación a una “empresa”, esta no puede declinar su interés por la persona.
Más adelante Manen afirma que aunque la teoría pedagógica es ante todo “práctica” no se puede olvidar que la práctica también esconde falencias, así pues esta debe ser una reflexión sobre la práctica que rápidamente se convierte en práctica otra vez.
Prosigue Manen diciendo que un buen profesor debe ser inteligente y entender las dificultades, en otras palabras, hacer ver fácil lo difícil. Una cosa son las estructuras psicológicas y otras las lógicas de las asignaturas, asunto que se tiende a confundir con facilidad. Sólo cuando el profesor logra estar al lado del niño como si el mismo fuera un niño, prosigue Manen, puede saber hacia dónde dirigir su proceso de enseñanza. La dificultad es buena cuando el niño puede asumirla sin un exceso de ansiedad, en otras palabras, el profesor debe tratar de sensibilizarse a los sentimientos del niño ante el conocimiento pues mientras para unos ciertas dificultades implican desafíos positivos, para otros, por el contrario, conllevan la parálisis de su potencial.
Comenta también Manen que el interés no es un requisito ni algo que pueda producirse sino que es más bien una forma de estar en el mundo. El interés no puede entonces exigirse sino que se debe estar atento al interés del niño para usarlo en el proceso de enseñanza.
Nos cuenta Manen que lo que los niños que están acabando primaria más aprecian de un profesor es el sentido de mando, la claridad y la justicia. Afirma Manen que los problemas de indisciplina se derivan de deficiencias en este sentido. La real disciplina surge de la total coherencia del maestro con lo que enseña y con la vida de sus estudiantes.
El humor es otra faceta del tacto importante para abrir las situaciones que se cierran. Se trata de aligerar las cosas cuando se ponen pesadas posibilitando así atravesar situaciones demasiado densas, es decir, no se trata de un humor burlón y nihilista, sino de un humor positivo.
Finalmente Manen alude a la relación entre “solicitud” y “tacto”, el primero para señalar el pensamiento realmente interesado en alguien, y el segundo para designar la encarnación de dicha reflexión. La noción “tacto” alude pues a una integración de la mente y el cuerpo.
EXPERIENCIA PERSONAL EN TORNO AL TACTO
Estaba en la puerta en un intercambio de clase y de repento llegó una joven corriendo que escapaba de dos compañeros a los cuales les había tirado agua. Como castigo ellos querían arrastrarla por el piso (que es un modo de juego a veces entre ellos) y ella para cubrirse se abrazo fuertemente a mi. Cerca estaba el coordinador que es receloso de estos comportamientos (por lo menos teóricamente). Ella me decía -profe, no me deje morir- (una expresión de ellos en cuanto a pedir ayuda). Los dos chicos intentaban safarla de mí y ella se agarraba con más fuerza. Los niños de mi clase ya habían entrado al salón para la clase. Era tanto el forcejeo que estaban a punto de arrojarme al piso. Tuve que ponerme serio y decirle a ella que me soltara, y como no quería me la debí quitar de encima con fuerza. Ella se soltó por fin y loe chicos la esperaban en el patio. El coordinador los vio (sin enterarse del asunto) y los mandó para clase. La chica se fue lentamente a su clase y yo entré a la mía. Eso fue todo.
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